Ayer fue un día como todos, desayuno a la mañana, almuerzo a la tarde y un problema a la noche.
Quizá algunos tengan en la cabeza, ¿Cómo vas a cenar un problema? y les diré que precisamente esta duda que han planteado, la resuelven todas las noches gran parte de la población peruana.
Con esto, no quiero decir que si uno hecha un vistazo por la noche, a la ventana de una casa; va a encontrar a una familia inmersa en la gresca, dispuestos a acabar con la velada.
Lo que intento decirles es que anoche fue mi mesa en la que se sirvieron los problemas, que, mas que familiares, fueron personales. Así que, si los problemas no eran familiares, el plato llego a mis manos impugne de contrariedades; entonces, ¿Quién fue el que lleno mi plato de dilemas?, y la respuesta fue clara, obviamente fui yo, fui yo el que llego a la mesa meditabundo de cual sería la mejor salida para la ola de contrariedades que habitaba en mi cabeza, fui yo el pobre hombre que no supo como solucionar sus problemas antes de llegar a su morada, fui claramente anoche, parte de la población peruana. De esa misma que yo iluso pensaba, no era parte y que mas aun creía que nunca conocería, pues tanta miseria solo se vía en las noticias.
Pero, mírame hoy, estoy vivo, tranquilo y satisfecho aun, de lo que cene ayer. Y la respuesta a lo que piensan es esta, anoche no solo colme de contrariedad mi plato, si no que también se colmo de alegría, pues vi que cuando ya dispuesto a rendirme ante mis dilemas, una mano se acercaba, una mano que reconocería en cualquier parte de este planeta, precisamente, la mano de mi madre que con ternura acariciaba mi cabeza y me decía: " Tranquilo hijo, aveces la vida pesa, pero solo viven los que la cargan. Tu eres fuerte, no te preocupes. ".
Son seguramente estas palabras las que muchos como yo, han escuchado de algún miembro de su familia o alguna persona cercana, cuando estaban perdiendo el equilibrio al cargar la vida y es también seguro que esas personas están ahora felices de saber que los problemas se arreglan en casa y no hay manera de que la vida te hunda en la miseria cuando hay manos en tu espalda impulsándote al gran salto de vivirla.
limpio, no quiere decir, vacío.
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