Esa fue la historia de como mi perro se llamo Cojo y quedo así.
Lamiendo y meneando su cola, mientras pasaba entre mis piernas y se paraba en dos patas para apoyarse en mis rodillas y recibir un poco de afecto sobre su cabeza, mi perro me recibía con el ganado que iba entrando al corral, siempre tan fiel, siempre mi amigo, Cojo era considerado uno mas en la familia, tanto así que él tenía su propio espacio en la mesa, claro que no con una silla, pero si debajo de ella.
Mientras iba arreando el ganado para que beban agua del pozo y coman algo de chala con afrecho, recordaba que Antonio iba a estar esperándome en algún matorral por la chacra, deje los animales y grite mientras corría, ¡VOY A LA CHACRA, YA VUELVO!, salí disparado del corral, saltando los bordos y pasando bajo las ramas de los arboles de molle, siempre creí que las semillas del molle se podían comer y un día por curioso comí, no una, si no, un buen manojo de semillas dejándome postrado en cama, si no mal recuerdo, unos 3 días, con el estomago suelto y fiebre por las noches. No sabía que dichas semillas se les daban a las vacas cuando ellas se " aventaban " ( es un termino que usaban los chacareros para referirse a una vaca que ha tomado mucho aire o como diría yo, se lleno de gases ), había mucho alboroto cuando algo así pasaba, la gente gritaba " se aventó, se aventó " y hacían que todos los aledaños salieran de sus casas para ir a mirar como la vaca sufría de gases. A mi me parecía un poco gracioso ver a una vaca tendida en el suelo como si fuese a dar parto natural ( del mismo modo que un humano), pero había ocasiones raras en que el molle no era suficiente, la vaca comía y comía molle, pero nada pasaba, seguía tendida en el suelo sufriendo su dolor estomacal e intestinal (supongo que ha de ser un dolor tremendo, pues ellas disponen de 4 estómagos y muchísimos metros de intestino), hasta que llegaba algún señor de edad avanzada con un puñal o cuchillo pequeño, cuando esto pasaba todos quedaban en silencio, nadie quería distraer al buen anciano que venia a salvar a la buena vaca ( a mi me daba mucha risa, pues parecía, una intervención quirúrgica o algo parecido), cuando en un segundo, el caballero de cabeza senil, arremete contra la vaca y la apuñala y comienza a sentirse el aire pútrido, mal oliente y repugnante que sale del corte (no podía creer el mal olor que llevaba esa vaca en su interior, con razón estaba tendida en el suelo), pasados unos minutos, cauterizaban el corte y mi madre hacía el resto del trabajo, pasaban unas horas mas y la vaca estaba de nuevo en pie, dispuesta a comer todo lo que no pudo.
Iba llegando a donde estaba Antonio, cuando en mi mente comienzo a escuchar, " ¿Adrian...Adrian?, no lo puedo creer, amigo, ¿estas dormido?, oye vago, despierta". Y mis ojos comenzaba a abrirse lenta y perezosamente.
- ¿Antonio?, pregunte.
- Si, amigo, ¿Como haz estado, qué haces recostado en esta banca?, Dios, hace tantos años que no sabemos nada de ti.
- ¿si, no?, soy un mal amigo, respondí, mientras soltaba una profunda carcajada, esas que no daba hace tiempo, pero que naturalmente salían cuando estaba con mi viejo amigo Antonio. ¿Qué es de los demás?, ¿Sabes algo de ellos?, pregunte seguidamente.
- Si, todos siguen aquí, menos Samir, él esta viviendo en el extranjero, si no estoy mal informado, tu sabes que él siempre tuvo las oportunidades a su mano.
- Claro, él siempre fue el que mas oportunidad tuvo, pero bueno, creí que quizá lo encontraría, respondí.
- Seguramente, pero vamos a visitar a los demás, seguro estarán muy felices de verte nuevamente, respondió exaltadamente Antonio. No podía creer, lo bueno de ver de una vez a mis amigos, esos con los que crecí y tuve las mejores experiencias de mi vida.
- Vamos, respondí, dejando notar mi emoción en ella.
Íbamos caminando por la plaza y mi vista se perdía entre los recuerdos, tenía recuerdos de todo lugar a donde dirigiese la mirada, los arboles, las tiendas, los viejos locales de comida y la increíble iglesia de mi pueblo. Era una majestuosa estructura, hecha en sillar de antaño con diseños y modelados increíbles en todas sus paredes y mas aun en sus imponentes columnas, tenía dos grandes torres en las cuales estaban dos campanas que siempre tocaban a las 12 del medio día para avisar a la gente que era hora de visitar al santo padre, uno por uno iba entrando el poblado a la majestuosa morada del padre y era todo tranquilidad hasta que cruzaban la enorme puerta de madera, adornada con detalles en cobre y algunos que decían era de oro puro, nadie tuvo siquiera la desfachatez de cerciorarse de la legitimidad de dichos enchapes, pero estoy seguro que mas de uno lo medito un par de veces. Cruzando la puerta, uno se daba cuenta que realmente estaba dentro de la morada del padre, todo era hermoso, lleno de pinturas y adornos que uno jamas pensaría siquiera tener en su modesto hogar y mucho menos siquiera poder igualarlos o imitarlos, era todo una obra digna de aplausos y reverencias que sin lugar a duda, todos dábamos a la hora de la misa y cuando uno venía cada vez que necesitaba hablar con Dios o confesar uno que otro pecado ante el padre.
Dábamos vuelta a la esquina de la plaza y comenzamos a recorrer la vieja calle que conducía hacia la casa de mis padres, no podía evitar sentir tanta emoción, ansiedad, alegría y tantas mas cosas que por mi ser pasaban. Iba dando saltos por las viejas casas, tratando de subirme a algún bordo o tratando de molestar a alguna vaca. Antonio miraba lo feliz que me sentía por estar nuevamente en mi pueblo, era tanta mi alegría, que él también se contagiaba de ella y me seguía en mi locura caminando entre los bordos y yendo tras las vacas, tanta fue la emoción que terminamos por tomar un descanso y sentarnos frente a la casa del viejo caballero Enrique, era una casa, bastante grande, que para nosotros era genial, pues nos brindaba bastante sombra.
- ¿A dónde vamos primero?, ¿a la casa de Susana y Carmen o a la casa de Josué?, pregunto Antonio.
- A la casa de Josué, quiero saber como le va y como ha pasado el tiempo después de lo que paso, respondí.
- Si, no la ha pasado muy bien, tu sabes que no es muy fácil conseguir un trabajo así. Por eso tuvo que quedarse aquí en el pueblo, trabajando para los amigos de su padre. MIERDA, pensé.
- Aun no olvido ese día, fue el peor de mi vida, respondí.
- Para todos y seguramente mas para ti, respondió Antonio.
Esta historia fue la que mas marco mi vida, pues en ella todos aprendimos lo real que puede ser la vida y mas aun lo frágiles que podemos ser nosotros ante ella.
Recuerdo que todos estábamos jugando como siempre frente a la saca de Samir, él siempre tuvo una poderosa posición económica, puesto que su familia venia del extranjero y solo pasaban vacaciones en el pueblo. Eso nunca importo, pues siempre fue un amigo para nosotros, tan igual como nosotros para él.
Estábamos corriendo uno tras de otro, jugando a "siete pecados", lanzándonos la pelota y riéndonos a carcajadas, era una típica tarde de juego para nosotros, no había nada extraño, pero desgraciadamente ese fue el peor día para todos.
Íbamos regresando de jugar, todos nos despedimos de Samir, él siempre nos invitaba algo de beber antes de retirarnos y alzaba la mano muy en alto para despedirnos, pero antes de eso Josué le pidió prestada su pelota, para jugar en su casa con sus primos que llegarían a visitarlo al día siguiente, nunca olvidare lo buen amigo que era, no dudo un segundo para entregarle el balón.
Caminamos con dirección a mi casa y decidí acompañar a Antonio, Josué, Carmen y Susana; hasta sus casas, cuando de pronto Antonio y Josué comenzaron a jugar con la pelota, se quería golpear con la pelota y un intento por darle a Antonio, Josué pateo la pelota justo en dirección a los campos de mi padre, corrimos tras de ella, como si jugáramos fútbol, pateándola y yéndonos mas adentro en la chacra, estábamos cerca del portón trasero de mi casa y también, cerca de los sembradíos, nos sentamos en un bordo, mientras Susana y Carmen se sentaron en un viejo pozo sin agua que estaba justo al costado de portón de mi casa, nunca vi que lo llenaran con agua, seguramente estaba mal hecho, pensaba. Cuando a lo lejos vi que algo se acercaba, no tenía mucha idea de lo que era, así que no preste atención y seguimos riéndonos mientras conversábamos, estábamos nosotros sentados en el bordo mirando hacía Susana y Carmen, que tenían atrás suyo un anden elevado de sembradío , mientras que ellas estaban sentadas al filo del pozo, mirando hacia Antonio, Josué y mi persona. Seguíamos riendo hasta caernos rendidos de la risa, Carmen, que era hermana de Susana, era una persona increíblemente graciosa, siempre tenía alguna ocurrencia con la cual sorprendernos o hacernos desfallecer de risa, siempre fue graciosa y siempre supo que yo estaba enamorado de su hermana, Susana; y a pesar de eso, nunca se lo dijo, siempre guardo el secreto, sin si quiera pedírselo.
Estábamos apunto de irnos, a tan solo un comentario mas de Antonio, cuando vi sobre el anden, a ese perro negro, ese maldito animal que dejo herido de por vida a mi perro, Josué se dejo consumir por el pánico y grito: ¡DIABLO!, y salio corriendo del lugar, Antonio quedo pasmado, como si lo hubieran congelado en el sitio, pero yo estaba aun mas petrificado, las niñas atinaron a meterse dentro del pozo y esconderse para que Diablo no las atacara y solo vimos como este perro salto desde el anden hasta donde estábamos y comenzó a perseguir a Josué, nadie podía hacer algo por ayudarlo, todos quedamos inmóviles, petrificados, prácticamente sin alma, solo podíamos mirar a Josué corriendo y gritando con voz sollozante: ¡AUXILIO!. Josué no paraba de correr y Diablo tampoco, el perro se le acercaba cada vez mas y en un ultimo intento por escapar del perro (supongo), Josué corrió dentro de los sembradíos de maíz, ¡NO!, pensé, podría cortarse la cara con las hojas del maíz, maldición el sabe perfectamente ESO. Pero era inútil, yo seguía sin poder ayudarlo, ni si quiera podía hablar, estaba totalmente sumergido bajo el canguelo.
Inmóviles por el miedo, solo escuchábamos ladrar al perro y pensaba que quizá Josué lo consiguió y pudo burlarlo, pero nada fue como lo creíamos, lo ladridos del perro solo fueron continuados por el mas profundo y estruendoso grito de dolor que hayamos escuchado alguna vez, Josué comenzó a gritar:¡ FUERA CARAJO, FUERA, FUERA! y fue cuando deje de escuchar los ladridos de Diablo; que la conclusión invadió mi cabeza: Diablo lo atrapo. Podía imaginar como el maldito perro hundía sus colmillos en mi amigo y peor aun, escuchaba como Josué gritaba de dolor. Las escenas pasaban frente a mis ojos, prácticamente podía sentir el olor a sangre y fue cuando imagine la sangre que brotaba de su cuerpo, que quede totalmente absorto, tenia miedo de ir y enfrentar a esa bestia que se estimulaba con la sangre de mi amigo, sentía como mi corazón iba perdiendo fuerza y mi sangre congelándose, no podía, sentía como mi corazón se hacia cada vez mas pequeño y yo me sentía cada vez mas entumecido y menos capaz de poder ayudarlo, cuando Antonio grito: ¡COJO!. Gire la mirada y vi a Cojo salir corriendo del establo, como si se tratara de mi. Estaba yendo directo contra Diablo, no podía creer lo impávido que era mi perro, no tenía gota de temor en su sangre.
Con la ayuda de Cojo, comencé a tomar un poco de valor, no podía dejar a Josué y Cojo, luchando solos contra Diablo, poco a poco mi cuerpo se iba moviendo y mi corazón latía fuertemente, VAMOS CARAJO, pensaba y por fin pude ponerme en pie, Antonio me miro y solo asintió con la cabeza, estaba seguro que Antonio me alcanzaría.
Corrí mientras tomaba piedras del piso y comencé a escuchar los chillidos de Cojo y los gritos de dolor de Josué, no sabía que iba a encontrar entre el maíz, no sabía que le había pasado a mi amigo, solo tenía la esperanza de que Cojo este luchando fieramente contra esa bestia y poder llegar a ayudarlo, cuando quede una vez mas petrificado por la escena que encontré ante mis ojos, Josué solo se tomaba el rostro que lo tenía totalmente ensangrentado mientras trataba de no mover la piernas que tenía mordida hasta los músculos por esa maldita bestia, todo estaba lleno de sangre, TODO. No podía creer lo que veía, solo escuchaba el llanto de Josué que decía, no puedo ver, ¡ AYÚDAME, POR FAVOR! y pude notar que la sangre que brotaba de su rostro, provenía de sus ojos. Estaba asombrado hasta el alma, no podía entender que alguien sangrara de los ojos, cuando fue el chillido de Cojo, el que me saco de mi trance, Diablo lo tenía del cuello, sentía como Cojo podía apenas respirar. Empuñe mi mano y tome las piedras con toda mi fuerza, tratando de darme valor y comencé a lanzar piedras contra Diablo, le di con todas las piedras y él no soltaba a Cojo, sentía como Cojo poco a poco dejaba de luchar y pensé lo peor: Cojo, esta muriendo. tome tierra del suelo y se la tire al perro en los ojos, aprovechando para patearlo, lo patee muchas veces hasta que por fin soltó a Cojo, mi perro no se movía estaba ahí tirado y mi corazón se encendió en llamas, perro de mierda, comencé a gritar, mientras hacia retroceder a la bestia con patas manotazos y gritos de dolor, pero no de dolor corporal, estaba totalmente sano, pero sentía como Cojo iba dejando de luchar por estar vivo y eso azotaba con espinas mi alma, golpeaba hasta morir mi corazón y lo que mas dolía era sentir los últimos chillidos de dolor de Cojo, tan bajos y tenues como los quejidos de un cachorro con frío, un cachorro que sabe, va a morir. Tome todo el coraje que tenía y me abalance contra Diablo, ya no importaba si el maldito mordía mi cuerpo o si cortaba mis ojos con las hojas de maíz , yo quería ver a ese maldito perro, MUERTO y fue hasta que agote todas las fuerzas de mi cuerpo que Diablo comenzó a ladrarme y tratar de morderme, no podía fallar justo ahí, tenía que llevar a Cojo y Josué con mi madre, para que los ayudara, pero mientras pensaba, el perro me tumbo y mordió mi brazo, no tenía fuerza ni si quiera para gritar, solo luchaba por alejarlo de Cojo y Josué, cuando sentí que el viento era cortado por algo y un palo cayo sobre la cabeza de Diablo (que sucede, pensé) y tendí mi cabeza hacia atrás, era Antonio, había venido a ayudarnos, tranquilo Adrian, Susana y Carmen han ido a llamar a tu padre (Dios, mi padre estará muy molesto, pensaba, mientras sentía que cada vez mis fuerzas se alejaban de mi cuerpo), solo miraba como Antonio daba palazo tras palazo sobre la cabeza de Diablo y la bestia esta parecía caer contra el piso, MÁTALO, grite y Antonio quedo sorprendido ante mi pedido, él nunca hubiese pensado escuchar eso de mi, menos si sabía lo mucho que amaba a los animales, pero él no se había dado cuenta de Cojo, ¿Qué tienes Adrian?, respondió y solo dije: Mira a Cojo. Él miro a mi perro y entendió mi situación y fue cuando volteo a mirar a Cojo que, Diablo aprovecho para salir huyendo, solo mire la silueta del perro huyendo y pensé: Lo siento amigo.
Abrí los ojos y estaba recostado en mi cama, estaba totalmente desorientado.
- ¿Dónde esta Josué y Cojo?, pregunte, pensando que aun estaba en el maizal.
- Tranquilo, Adrian. Antonio, Susana y Carmen los trajeron a la casa, Josué esta en la posta, su madre vino a recogerlo hace unos 30 minutos, respondió mi madre.
- ¿Y Cojo?, pregunte enfadado.
- Adrian, descansa un poco, recupera tus fuerzas, respondió mi madre. Esa era una respuesta que no quería escuchar, ¿Por qué mi madre esquivaría mi pregunta?.
- ¿DONDE ESTA COJO?, grite. Y de pronto mi padre entro al cuarto y me dijo: Adrian, descansa, tu madre te lo esta pidiendo. Estaba confundido, nadie respondía mi pregunta y ahora me veía obligado a descansar, Esta bien, respondí y poco a poco se fue haciendo obvio el, ¿Dónde esta Cojo?.
Paso la noche y yo estaba durmiendo hasta la mañana del día siguiente, sentía bulla y cosas que sacaban y ponían, no era muy diferente de un día normal, la diferencia estuvo cuando mi madre entro al cuarto y me dijo: Adrian, vístete y sal, tus amigos están atrás en la chacra. ¿Mis amigos?,pensé. ¿Qué podría estar pasando?, me di un baño, me cambie y fui caminando a la parte de atrás, cuando vi que a la distancia todos estaban mirando hacía una tabla y sobre la tabla había algo, no estaba muy seguro.
Iba caminando lentamente, cuando vi al fondo el maizal y todo volvió a mi cabeza, Cojo ... Josué, pensé y a unos metros lo que estaba sobre la tabla, comenzó a tomar forma, era Cojo, no lo podía creer, realmente había pasado lo peor, todos estaban llorando y me miraban con cara de compasión y culpa, no lo podía entender, estábamos jugando con la pelota y ahora, ¿Cojo esta muerto?, las lágrimas comenzaron a correr por mi rostros, mi padre estaba ahí parado con la cabeza en alto tratando de darme fuerza con su presencia, pero no podía evitarlo, era mi gran amigo Cojo el que estaba tendido sobre esa madera, estaba ahí, sin vida, sin su cola que se movía, con su patita mala que la arrastraba feliz cuando me veía llegar, no lo podía creer, solo lloraba desconsoladamente, no me importaba que todos me vieran, era mi perro el que estaba postrado sobre la madera que debajo de ella tenia un hueco, en cual seguro enterrarían a Cojo. Con la cara llena de lágrimas y sollozando solo decía: Cojo, Cojito, amigo y lo abrazaba ahí en la madera, mi padre me decía que lo deje, pero no podía, solo pensaba en abrazarlo y que por obra del señor el reviva y me lama como siempre lo hacía, mueva su colita y se pare contra mis rodillas, no quería dejarlo ir, no quería que lo taparan con la tierra y me dijeran que lo deje descansar en paz. Hasta que llego mi madre y con su palma acaricio mi cabeza y también la de Cojo, y me dijo: Vamos hijito, Cojo quiere descansar, él va a estar feliz con el Señor y fue solo entonces que llore desde el alma y pude dejar a Cojo mientras mi padre bajaba la taba y lo ponía en el fondo del hueco y comenzaba a taparlo con tierra. Tranquilo, tranquilo, me decía mi madre y yo lloraba esperando que todo eso fuera mentira, pero no, mi padre hizo una cruz con dos maderas y la puso sobre su tumba y entonces comprendí, que Cojo se había ido.
Pasados los días. aun seguía llorando por Cojo, no quería hacer nada y peor aun cuando llego a mi casa la madre de Josué, pidiendo que junte a todos sus amigos para ir a visitarlo en su casa (¿Que sera de Josué?, pensé. Estaba gravemente herido). Junte a todos y fuimos a su casa que estaba a unos 10 minutos caminando de la mía y fue otro encuentro emocional, cuando vi a Josué. Tenia la cabeza vendada y solo se le notaba un ojo, también tenía la pierna derecha vendad desde la canilla hasta la parte superior del muslo, estaba bastante sedado.
- ¿Cómo estas?, pregunte. Y su respuesta me hizo tanto mal, como lo de Cojo.