Bienvenidos a Look me !!!

BIENVENIDO a LOOK ME. Te invito a leer las notas, poemas y novelas que poco a poco iré escribiendo para todos los que gusten de mi narrativa y un poco de mis sentimientos. =)

viernes, 10 de junio de 2011

Mis manos y una flor por tu corazón.




El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho. 
Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) Escritor español.



Y una vez mas mis timidas manos piden la oportunidad de escribirte un par de lineas, de tratar de convencer a tu existencia de acercarse a ellas, de tratar de demostrarle al mundo que solo tu eres para ellas.
No encuentro equivocado darles el momento y que escriban un sin fin de oraciones para describir lo bello de tus gestos, lo hermoso de tus labios cuando ries en silencio, lo tierno de tus ojos cuando sueñas en el cielo, lo suave de tus manos cuando tocas el viento y lo increible tu aroma cuando pasas a su lado. Eres un sueño de persona traido al mundo, un bello lienzo pintando por maestros, una perfecta escultura labrada por el tiempo, un concepto de arte inentendible para el hombre, pero que sin lugar a duda muero por comprenderlo. Eres el deseo mas grande procurado por mortales, el angel más bello enviado desde el cielo, la dama mas tierna sacada de los cuentos, la mujer por la cual enloquecen mis sentimientos ...
Son tantas cosas las que mis manos quieren escribir, tantas pasiones las que te quieren hacer sentir, tantas estrellas las que te quieren regalar, pero que inevitablemente deberan  borrar.
Tu eres un ser prohibido para mi, una estrella tan lejana que núnca podré alcanzar, una flor tan divina que nunca podré imaginar y que mas que imaginar, si muero mil veces por poderte acariciar, no sabes cuanto sufro en silencio, cuanto lloro en soledad, por tener que ocultar mis manos, atarlas a la realidad, tener que obligarlas a morir creyendo que no existe forma de hacerte cambiar, que no hay manera de poderte enamorar. Verlas palidas y dolidas como una flor en su marchitar, esperando que por milagro y quiza algun día, tu las puedas por fin escuchar. 




miércoles, 23 de febrero de 2011

Razón.






Dime, ¿Qué haras?, sin mi no eres nada, sin mi solo te cubrira la sombra de mi ausencia, sin mi tus sentimientos terminaran por apuñalar tu corazón en busca de paz. Dime, ¿qué haras?, ¿Por qué sigues ahí callada?, ¿Por qué no haces nada?. Que no ves que me estoy yendo, estoy firmando el final de nuestro sueño, estoy siendo por primera vez, un hombre sincero, pero sincero, conmigo. Y tu no haces nada, solo me miras con tus ojos llenos de lágrimas, esperando a que suceda un milagro y despues de un parpadeo, despiertes sobre tu camana, con las mejillas mojadas y el corazón tan apretado, como mi puño diciendo que esto no es un sueño, que esto es mas real que mis palabras, cuando te digo que me voy para no verte mas. Pero tu solo sigues ahí sentada al pie de la cama, apretando muy fuerte las manos contra tus piernas, encogiendo los pies y dejandolos muy juntos, estrujando fuertemente tus labios, tanto que asemejan el color de la sangre. Pero tu solo me miras, me miras directo a los ojos, eso es lo único que siento, mas no escucho palabras de tu cuerpo, solo esta hostigoza mirada clavada directo en mi rostro.

Pongo un pie fuera de la puerta y tus ojos ya no se ven por las lágrimas, tus puños se ponen rojos y tus piernas tiemblan asustadas. ¡Dime algo!, grito. Y tu solo agachas la mirada, mientras tus lágrimas caen sobre tus manos, mojando poco a poco tu regazo. ¡Adiós!, digo. Y mi corazón ardido se aferra a nuestra historia, me recuerda nuestros días y se amarra ante la puerta. Tu traidor, ¿por qué te aferras a ella?, a ella que no lucho por ti, a ella que te dejo morir. Ya nada importa, ahora tu respuesta no vale nada, solo haré caso a mi razón, a esa que por años, deje oculta y maltratada por este sentimiento que tu mostraste, por esto a lo que tu llamas: Amor.
Pero tu, maldito traidor, haces tu ultima juganda por esta mujer que sigue ahí sentanda, mirando como luchas enbravesido a su favor.Y dejas de latir, tratas de que mi cuerpo colapse y quede encarcelado en esta habitación, pero bien sabía que ya no podía confiar en ti, así que le di mi vida a mi razón, para ya no depender mas de ti, maldito traidor.
Dominado por mi juicio, termino de dar el paso a mi nueva vida y antes de cerrar la puerta escucho: ¡VUELVE!. Y quedo perplejo ante su ruego. No debo volver, pienso. Solo caere una vez mas en este maldito juego, que por fin pude terminar.
¡VUELVE, por favor!. Y en un acto de compasión, regreso ante la puerta.
¿Por qué es hasta ahora que me reclamas?,¿Por qué es que antes no hablabas?. Y tu respuesta, asombro a mis oidos.
Yo no pedí por ti, yo pedí por tu corazón, por ese del cual me enamore, por ese que día a día escucho sin razón, yo no tenía nada que decirte, pero si mucho a tu corazón, por eso no cruzaba palabra contigo, habla directo con él, le pedí que se quede, que no me abandone, que te convenza para poderse quedar. Y así lucho contra ti, pero cuando vio que no volverías jamas, extingio su latir, para no sufrir por mi. Todas las lágrimas que vez en mis ojos, son por él, no por ti, tu no vales ni una sola de todas las que derrame, tu no vales ni una sola palabra de todas las que le regale. Contigo no tengo nada que hablar, haz dejado de ser un hombre, ahora eres un animal, una bestia enfurecida dominada por lo que tu llamas razón. Por mi, te puedes largar y largarte a donde si quiera, la casualdiad nos pueda volver a juntar, lo único que no entiendo es, por que a tu corazón tuviste que matar, él era bueno, era justo, era lo que yo mas pude amar, pero sin lugar a duda, ya no se podía quedar, no podía ser egoista y tenía que dejarlo ir, aunque haz visto que al final, no me contuve y pedí por él, para poder verlo una vez mas y  ahora se que ya no está mas, así que por favor, cruza la puerta por la que entraste, porque soy yo la que no te quiere ver mas.

domingo, 20 de febrero de 2011

¿Por qué lo escondes?

No hay mejor fragata que 
un libro para llevarnos 
a tierras lejanas.
Emily Dickinson

Aveces te siento tan lejos, que mi pensamiento no alcanza tan ajeno paraje, tan distante como mis dedos álgidos pidiendo a gritos el calor de tus bondades, tan perdida como mi razón estremecida a la hora de reprocharte, pero que por objeto alguno, no puedo controlar ni si quiera cuando veo a tu silueta alejarse.

Quisiera encontrar un puente que me lleve directo a tu lado, algo que pueda si quiera por un segundo dejarme respirar el perfume de tus manos, algo que me de ese impulso por tratar de llagar a tus brazos, sabiendo bien yo, que no me abrirás por un segundo tu regazo.

Ojala dejases una señal de cual sendero es el que me dará alivio, ojala pensases un poco mas en este cuerpo entristecido, una persona que busca desesperado encontrar una sonrisa en el momento de su arribo.

No seas cruel, tu, dama de mis sueños, persona bendita que huye ante mis ruegos. Ángel  caído desde lo mas alto de los cielos, ser divino que hipnotiza mis sentidos. No seas petulante, tu, pequeño ser maravilloso, por jactarte de tener enamorado a un corazón tan bondadoso, que no escatima en sentimiento a la hora de escribirte un verso.

Date cuenta de lo que haces, escondiendo el puente hacía tu paraje, por que lamentablemente soy humano y es posible que un día de tantos, termine agazapado en el mas insólito lugar llorando, el: ¿Por qué después de tanto esfuerzo, es solo esto lo que merezco?.

Dame un segundo para poder mostrarte, lo increíble de mis sentimientos, lo maravilloso de poder sentirte aunque sea en pensamientos, lo magnífico de poder mirarte a través de mis sueños, lo delicado de mis manos acariciando tu cabello, lo real de mi corazón latiendo por tus gestos.

No seas cruel, doncella de mis cuentos. y trata de ver en este cuerpo al caballero de tus sueños. ese que sin lugar a duda defenderá lo puro de tu hermosura, ese que sin pregunta alguna responderá todas tus dudas.

Así que, dame un rastro o quizá una pista de como llegar a tu paraje, por que para cruzar este abismo, necesitare mas que de un camino, necesitare de un puente que pueda surcar sobre todo este abismo sombrío, que poco a poco tu muy bien haz construido, para poder esconder ese punte a tus sentidos, ese lugar oscurecido, por tu miedo a sentirte bien, sentada al lado mío.

jueves, 10 de febrero de 2011

Idónea

Llueve, llueve y no para de llover ¬¬ ... bueno, escribiré.

Dios, realmente es difícil saber, ¿cuánto de mi existe en ti? y creo que mas difícil aun, es saber, ¿cuándo es que me miras?. Estar tan cerca tuyo sin saber si quiera en lo que piensas, tan ambigua y entredicha, como un dibujo en perspectiva, que te hace olvidar por momentos que eres solo un ángel, plasmado en lienzo, que aunque muchas veces piense en eso, siempre quedo con un sabor a incierto. 
Dios, no sabes cuanto es que me muero por decirte, !AQUÍ¡, a pesar de que se note, cuanto es que chapoteo, cuando me ahogo en pensamientos, sabiendo que tu ni si quiera notas un poco mi agonía. 
No comprendo en totalidad, ¿Por qué es que, yo te tengo que invitar?,¿Es que acaso no tenemos los dos este impulso por saltar? o dime, Dios, en ¿dónde es que todo esto va a acabar?.
Solo miro como los días uno tras otro van quedando en mi pesar, sintiéndome cada vez mas estúpido, por no saber como reaccionar. Sería todo tan fácil si tu me pudieras incitar, con una sonrisa y una mirada que me digan cuando es puedo empezar, pero que estoy seguro, nunca van llegaran.
Eres tan linda y divertida, que tan solo lo puedo imaginar, pero que seguro tu bien sabes, muchos se mueren por averiguar. Eres tan confusa y meditante, que nadie sabe como empezar, tan dudosa y atrayente, que a muchos solo nos queda esperar y que mas que esperar, cuando todos sabemos bien, que tu nunca vas a voltear, !DIOS¡.
No me entiendo, ni comprendo porque es que te tengo que declarar, como una de las personas a las que yo mas quisiera abrazar, tan idónea e increíble que no me pueda ni aguantar, las mas locas ganas de un texto redactar. No lo esperas, no lo sabes, ni mucho menos me preguntaras, ¿Por qué lo hiciste?, que increíble, contigo me voy a quedar, pero se que que por lo menos, en mis textos me puedo cuidar de salir como un tonto, por tratar de a un Ángel cortejar. 




miércoles, 9 de febrero de 2011

Miércoles a la mañana.


Hoy desperte confundido, ¿es qué acaso siempre atacas en sueños?, porfavor dame una tregua o por lo menos  dame un motivo para soportar estas noches de tormenta, que me haces vivir bajo estas gélidas sabanas, que parecen haber sido tocadas por tus manos o besadas por tus labios.

A veces cuando duermo me sofoco y tengo sueños que me recuerdan que ando en ellos, tan extraños e inusuales como caer directo en un sendero, que por mucho que recorra, nunca encuentro paradero, pero que a decir verdad no muero por hacerlo. Tan extraños como verte parada sobre una aguja con tu sonrisa de invierno, casi levitando, tan extraña y romantica como la agonía de un cuervo, como si fuera la aguja bajo tus pies, la que teme ser tocada por tu piel. Son tantísimos los sueños y situaciones en que me encuentro de cabeza que ya no se bien cuando vivo y cuando duermo; y menos cuando es que te espero, pero que de todos espero saber cuando muero. No soporto la idea de verte llegar para darme un beso, cuando es solo eso lo que siempre me daras, por favor dame una tregua o un motivo para poderte soportar, si es que acaso de verdad tu me quieres conquistar, solo una, por favor, solo una noche, en la que pueda dormir, sin mi cabeza atormentar, una noche que paresca día, en la que salgo a caminar o por lo menos a tratar de respirar, a pesar de saber que pasadas las diez de la noche una vez mas nos volveremos  a encontrar, para luchar en nuestro encuentro emocional, tu fingiendo y yo soportando. Así que, tomate tu tiempo y piensalo, porque puede que uno de estos días, yo me confunda y deje de vivir, para empezar a soñar y no exista ser ni ritual en este mundo, que me pueda despertar. 




Una Noche

Anoche te pensé y mira tu, parece que tu recuerdo me reconocio. Tanto así, que trató de huir apenas me vio. No pude interpretar correctamente el motivo de tu pavor, pero sin  impedimento alguno, mi cuerpo fue tras del tuyo y no fue hasta que tu recuerdo paro de huir, que mi mente pudo terminar de comprender.
Hola, dije. Y tu recuerdo enmudecio apenas vio mis labios danzar, mientras articulaban tan humilde palabra, que en tu rostro, solo parecia, la mas grosera reunión de silabas que pude declarar ante tu persona. No lo entendía, pero no amilané ante tu gesto y solo empuñe mis manos para preguntar, ¿Por qué es que huias?. Y en cuanto viste que el aire salia de mi boca, para cuestionar. Aprovechaste mi pestañear y huiste como el viento entre mis recuerdos, aprovechando el impulso de mi verbo, para jamas saber cual fue si quiera, la primera letra de mi interrogante.

       Quede perplejo, no podía si queira imaginar como habías hecho eso y me pregunte, ¿Esconderte en mis recuerdos?, ¿Es que acaso dejaste una semilla en mi mente que solo se nutriría con la ausencia de tu cuerpo? o ¿Es solo que el puñal de mi verbo no cumplio cabal la misión que mi corazón le encomendo?. Y fue entonces que te entendí.


       Huyes de mi porque soy tu verdugo, soy la encarnación del mas profundo de tus miedos, soy el único que podía salvarte y sin embargo penso en acabarte. Era obvio, lo había olvidado, olvide que fuí el ejecutor en aquella noche, olvide que desde ese día tu no me verías mas. Pero es curioso, aun queda un recuerdo tuyo dentro de mi, tratando de hacer una morada donde siempre quizo tener un palacio. Un recuerdo que lucha dentro de mi mente para no ser borrado, un recuerdo que vive dentro de mi, huyendo de mi. Ahora es que lo entiendo todo, no aceptaras un "Hola" de mis labios, pero sin embargo, vale la pena sentir lo intenso del miedo a cambio de refrescar tu memoría y grabar mi rostro una vez mas dentro de tu existencia y para serte sincero, eso me sorprende, pero descuida, si ahora me viste y mis pensamientos afilados, con mi lengua puesta en el gatillo, no dijeron: Adios. Debe ser porque muy dentro de mi, donde ni si quiera yo he urgado, existe un lugar para ti. Así que no dudes en pasear por mi mente, mientras medito, quizá hoy sea tu día de suerte y llegues hasta dicho lugar, que seguro en algun momento, yo te prometí.


lunes, 24 de enero de 2011

El cuervo - Edgar Allan Poe


Este texto lo saque del blog: http://lenguajechicala.blogspot.com

Es un poema que me gusto mucho y pensé en compartirlo mediante el Blog y Facebook.

El cuervo (texto completo)


Edgar Allan Poe(Boston, 1809 - Baltimore, 1849)

El cuervo
Una vez, al filo de una lúgubre media noche,

mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,

inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,

cabeceando, casi dormido,

oyóse de súbito un leve golpe,como si suavemente tocaran,

tocaran a la puerta de mi cuarto.“Es —dije musitando— un visitante

tocando quedo a la puerta de mi cuarto.

Eso es todo, y nada más.”



¡Ah! aquel lúcido recuerdode un gélido diciembre;

espectros de brasas moribundas

reflejadas en el suelo;

angustia del deseo del nuevo día;

en vano encareciendo a mis librosdieran tregua a mi dolor.

Dolor por la pérdida de Leonora,

la única,virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.

Aquí ya sin nombre, para siempre.



Y el crujir triste, vago, escalofriante

de la seda de las cortinas rojas

llenábame de fantásticos terrores

jamás antes sentidos. Y ahora aquí,

en pie,acallando el latido de mi corazón,

vuelvo a repetir:

“Es un visitante a la puerta de mi cuarto

queriendo entrar. Algún visitante

que a deshora a mi cuarto quiere entrar.

Eso es todo, y nada más.”



Ahora, mi ánimo cobraba bríos,

y ya sin titubeos:

“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón

imploro,mas el caso es que, adormilado

cuando vinisteis a tocar quedamente,

tan quedo vinisteis a llamar,

a llamar a la puerta de mi cuarto,

que apenas pude creer que os oía.”

Y entonces abrí de par en par la puerta:

Oscuridad, y nada más.



Escrutando hondo en aquella negrura

permanecí largo rato, atónito, temeroso,

dudando, soñando sueños que ningún mortal

se haya atrevido jamás a soñar.

Mas en el silencio insondable la quietud callaba,

y la única palabra ahí proferidaera el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”

Lo pronuncié en un susurro, y el eco

lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”

Apenas esto fue, y nada más.



Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,

toda mi alma abrasándose dentro de mí,

no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.

“Ciertamente —me dije—, ciertamente

algo sucede en la reja de mi ventana.

Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,

y así penetrar pueda en el misterio.

Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,

y así penetrar pueda en el misterio.”

¡Es el viento, y nada más!



De un golpe abrí la puerta,

y con suave batir de alas, entró

un majestuoso cuervo

de los santos días idos.

Sin asomos de reverencia,

ni un instante quedo;

y con aires de gran señor o de gran dama

fue a posarse en el busto de Palas,

sobre el dintel de mi puerta

Posado, inmóvil, y nada más.



Entonces, este pájaro de ébano

cambió mis tristes fantasías en una sonrisa

con el grave y severo decoro

del aspecto de que se revestía.

“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,

no serás un cobarde,

hórrido cuervo vetusto y amenazador.

Evadido de la ribera nocturna.

¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”

Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”



Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado

pudiera hablar tan claramente;

aunque poco significaba su respuesta.

Poco pertinente era. Pues no podemos

sino concordar en que ningún ser humano

ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro

posado sobre el dintel de su puerta,

pájaro o bestia, posado en el busto esculpido

de Palas en el dintel de su puerta

con semejante nombre: “Nunca más.”



Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto

las palabras pronunció, como virtiendo

su alma sólo en esas palabras.

Nada más dijo entonces;

no movió ni una pluma.

Y entonces yo me dije, apenas murmurando:

“Otros amigos se han ido antes;

mañana él también me dejará,

como me abandonaron mis esperanzas.”

Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”



Sobrecogido al romper el silencio

tan idóneas palabras,

“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice

es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido

de un amo infortunado a quien desastre impío

persiguió, acosó sin dar tregua

hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,

hasta que las endechas de su esperanza

llevaron sólo esa carga melancólica

de ‘Nunca, nunca más’.”



Mas el Cuervo arrancó todavía

de mis tristes fantasías una sonrisa;

acerqué un mullido asiento

frente al pájaro, el busto y la puerta;

y entonces, hundiéndome en el terciopelo,

empecé a enlazar una fantasía con otra,

pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,

lo que este torvo, desgarbado, hórrido,

flaco y ominoso pájaro de antañoq

uería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra

,frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,

quemaban hasta el fondo de mi pecho.

Esto y más, sentado, adivinaba,

con la cabeza reclinada

en el aterciopelado forro del cojín

acariciado por la luz de la lámpara;

en el forro de terciopelo violeta

acariciado por la luz de la lámpara

¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!



Entonces me pareció que el aire

se tornaba más denso, perfumado

por invisible incensario mecido por serafines

cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.

“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,

por estos ángeles te ha otorgado una tregua,

tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!

¡Apura, oh, apura este dulce nepente

y olvida a tu ausente Leonora!”

Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!

¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio

enviado por el Tentador, o arrojado

por la tempestad a este refugio desolado e impávido,

a esta desértica tierra encantada,

a este hogar hechizado por el horror!

Profeta, dime, en verdad te lo imploro,

¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?

¡Dime, dime, te imploro!”

Y el cuervo dijo: “Nunca más.”



“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!

¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!

¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,

ese Dios que adoramos tú y yo,

dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén

tendrá en sus brazos a una santa doncella

llamada por los ángeles Leonora,

tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen

llamada por los ángeles Leonora!”

Y el cuervo dijo: “Nunca más.”



“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida

pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.

¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.

No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira

que profirió tu espíritu!

Deja mi soledad intacta.

Abandona el busto del dintel de mi puerta.

Aparta tu pico de mi corazón

y tu figura del dintel de mi puerta.

Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”



Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.

Aún sigue posado, aún sigue posado

en el pálido busto de Palas.

en el dintel de la puerta de mi cuarto.

Y sus ojos tienen la apariencia

de los de un demonio que está soñando.

Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama

tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,

del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,

no podrá liberarse. ¡Nunca más!

viernes, 14 de enero de 2011

Nuestra Historia ::: Blanco y negro, miraba mi amigo.

Esa fue la historia de como mi perro se llamo Cojo y quedo así.

       Lamiendo y meneando su cola, mientras pasaba entre mis piernas y se paraba en dos patas para apoyarse en mis rodillas y recibir un poco de afecto sobre su cabeza, mi perro me recibía con el ganado que  iba entrando al corral, siempre tan fiel, siempre mi amigo, Cojo era considerado uno mas en la familia, tanto así que él tenía su propio espacio en la mesa, claro que no con una silla, pero si debajo de ella.

       Mientras iba arreando el ganado para que beban agua del pozo y coman algo de chala con afrecho, recordaba que Antonio iba a estar esperándome en algún matorral por la chacra, deje los animales y grite mientras corría, ¡VOY A LA CHACRA, YA VUELVO!, salí disparado del corral, saltando los bordos y pasando bajo las ramas de los arboles de molle, siempre creí que las semillas del molle se podían comer y un día por curioso comí, no una, si no, un buen manojo de semillas dejándome postrado en cama, si no mal recuerdo, unos 3 días, con el estomago suelto y  fiebre por las noches. No sabía que dichas semillas se les daban a las vacas cuando ellas se " aventaban " ( es un termino que usaban los chacareros para referirse a una vaca que ha tomado mucho aire o como diría yo, se lleno de gases ), había mucho alboroto cuando algo así pasaba, la gente gritaba " se aventó, se aventó " y hacían que todos los aledaños salieran de sus casas para ir a mirar como la vaca sufría de gases. A mi me parecía un poco gracioso ver a una vaca tendida en el suelo como si fuese a dar parto natural ( del mismo modo que un humano), pero había ocasiones raras en que el molle no era suficiente, la vaca comía y comía molle, pero nada pasaba, seguía tendida en el suelo sufriendo su dolor estomacal e intestinal (supongo que ha de ser un dolor tremendo, pues ellas disponen de 4 estómagos y muchísimos metros de intestino), hasta que llegaba algún señor de edad avanzada con un puñal o cuchillo pequeño, cuando esto pasaba todos quedaban en silencio, nadie quería distraer al buen anciano que venia a salvar a la buena vaca ( a mi me daba mucha risa, pues parecía, una intervención quirúrgica o algo parecido), cuando en un segundo, el caballero de cabeza senil, arremete contra la vaca y la apuñala y comienza a sentirse el aire pútrido, mal oliente y repugnante que sale del corte (no podía creer el mal olor que llevaba esa vaca en su interior, con razón estaba tendida en el suelo), pasados unos minutos, cauterizaban el corte y mi madre hacía el resto del trabajo, pasaban unas horas mas y la vaca estaba de nuevo en pie, dispuesta a comer todo lo que no pudo.

      Iba llegando a donde estaba Antonio, cuando en mi mente comienzo a escuchar, " ¿Adrian...Adrian?, no lo puedo creer, amigo, ¿estas dormido?, oye vago, despierta". Y mis ojos comenzaba a abrirse lenta y perezosamente.
- ¿Antonio?, pregunte. 
- Si, amigo, ¿Como haz estado, qué haces recostado en esta banca?, Dios, hace tantos años que no sabemos nada de ti.
- ¿si, no?, soy un mal amigo, respondí, mientras soltaba una profunda carcajada, esas que no daba hace tiempo, pero que naturalmente salían cuando estaba con mi viejo amigo Antonio. ¿Qué es de los demás?, ¿Sabes algo de ellos?, pregunte seguidamente.
- Si, todos siguen aquí, menos Samir, él esta viviendo en el extranjero, si no estoy mal informado, tu sabes que él siempre tuvo las oportunidades a su mano.
- Claro, él siempre fue el que mas oportunidad tuvo, pero bueno, creí que quizá lo encontraría, respondí.
- Seguramente, pero vamos a visitar a los demás, seguro estarán muy felices de verte nuevamente, respondió exaltadamente Antonio. No podía creer, lo bueno de ver de una vez a mis amigos, esos con los que crecí y tuve las mejores experiencias de mi vida.
- Vamos, respondí, dejando notar mi emoción en ella.

       Íbamos caminando por la plaza y mi vista se perdía entre los recuerdos, tenía recuerdos de todo lugar a donde dirigiese la mirada, los arboles, las tiendas, los viejos locales de comida y la increíble iglesia de mi pueblo. Era una majestuosa estructura, hecha en sillar de antaño con diseños y modelados increíbles en todas sus paredes y mas aun en sus imponentes columnas, tenía dos grandes torres en las cuales estaban dos campanas que siempre tocaban a las 12 del medio día para avisar a la gente que era hora de visitar al santo padre, uno por uno iba entrando el poblado a la majestuosa morada del padre y era todo tranquilidad hasta que cruzaban la enorme puerta de madera, adornada con detalles en cobre y algunos que decían era de oro puro, nadie tuvo siquiera la desfachatez de cerciorarse de la legitimidad de dichos enchapes, pero estoy seguro que mas de uno lo medito un par de veces. Cruzando la puerta, uno se daba cuenta que realmente estaba dentro de la morada del padre, todo era hermoso, lleno de pinturas y adornos que uno jamas pensaría siquiera tener en su modesto hogar y mucho menos siquiera poder igualarlos o imitarlos, era todo una obra digna de aplausos y reverencias que sin lugar a duda, todos dábamos a la hora de la misa y cuando uno venía cada vez que necesitaba hablar con Dios o confesar uno que otro pecado ante el padre.

       Dábamos vuelta a la esquina de la plaza y comenzamos a recorrer la vieja calle que conducía hacia la casa de mis padres, no podía evitar sentir tanta emoción, ansiedad, alegría y tantas mas cosas que por mi ser pasaban. Iba dando saltos por las viejas casas, tratando de subirme a algún bordo o tratando de molestar a alguna vaca. Antonio miraba lo feliz que me sentía por estar nuevamente en mi pueblo, era tanta mi alegría, que él también se contagiaba de ella y me seguía en mi locura caminando entre los bordos y yendo tras las vacas, tanta fue la emoción que terminamos por tomar un descanso y sentarnos frente a la casa del viejo caballero Enrique, era una casa, bastante grande, que para nosotros era genial, pues nos brindaba bastante sombra.

- ¿A dónde vamos primero?, ¿a la casa de Susana y Carmen o a la casa de Josué?, pregunto Antonio.
- A la casa de Josué, quiero saber como le va y como ha pasado el tiempo después de lo que paso, respondí.
- Si, no la ha pasado muy bien, tu sabes que no es muy fácil conseguir un trabajo así. Por eso tuvo que quedarse aquí en el pueblo, trabajando para los amigos de su padre. MIERDA, pensé.
- Aun no olvido ese día, fue el peor de mi vida, respondí.
- Para todos y seguramente mas para ti, respondió Antonio. 

        Esta historia fue la que mas marco mi vida, pues en ella todos aprendimos lo real que puede ser la vida y mas aun lo frágiles que podemos ser nosotros ante ella.

       Recuerdo que todos estábamos jugando como siempre frente a la saca de Samir, él siempre tuvo una poderosa posición económica, puesto que su familia venia del extranjero y solo pasaban vacaciones en el pueblo. Eso nunca importo, pues siempre fue un amigo para nosotros, tan igual como nosotros para él.

        Estábamos corriendo uno tras de otro, jugando a "siete pecados", lanzándonos la pelota y riéndonos a carcajadas, era una típica tarde de juego para nosotros, no había nada extraño, pero desgraciadamente ese fue el peor día para todos.

       Íbamos regresando de jugar, todos nos despedimos de Samir, él siempre nos invitaba algo de beber antes de retirarnos y alzaba la mano muy en alto para despedirnos, pero antes de eso Josué le pidió prestada su pelota, para jugar en su casa con sus primos que llegarían a visitarlo al día siguiente, nunca olvidare lo buen amigo que era, no dudo un segundo para entregarle el balón. 

       Caminamos con dirección a mi casa y decidí acompañar a Antonio, Josué, Carmen y Susana; hasta sus casas, cuando de pronto Antonio y Josué comenzaron a jugar con la pelota, se quería golpear con la pelota y un intento por darle a Antonio, Josué pateo la pelota justo en dirección a los campos de mi padre, corrimos tras de ella, como si jugáramos fútbol, pateándola y yéndonos mas adentro en la chacra, estábamos cerca del portón trasero de mi casa y también, cerca de los sembradíos, nos sentamos en un bordo, mientras Susana y Carmen se sentaron en un viejo pozo sin agua que estaba justo al costado de portón de mi casa, nunca vi que lo llenaran con agua, seguramente estaba mal hecho, pensaba. Cuando a lo lejos vi que algo se acercaba, no tenía mucha idea de lo que era, así que no preste atención y seguimos riéndonos mientras conversábamos, estábamos nosotros sentados en el bordo mirando hacía Susana y Carmen, que tenían atrás suyo un anden elevado de sembradío , mientras que ellas estaban sentadas al filo del pozo, mirando hacia Antonio, Josué y mi persona. Seguíamos riendo hasta caernos rendidos de la risa, Carmen, que era hermana de Susana, era una persona increíblemente graciosa, siempre tenía alguna ocurrencia con la cual sorprendernos o hacernos desfallecer de risa, siempre fue graciosa y siempre supo que yo estaba enamorado de su hermana, Susana; y a pesar de eso, nunca se lo dijo, siempre guardo el secreto, sin si quiera pedírselo.

       Estábamos apunto de irnos, a tan solo un comentario mas de Antonio, cuando vi sobre el anden, a ese perro negro, ese maldito animal que dejo herido de por vida a mi perro, Josué se dejo consumir por el pánico y grito: ¡DIABLO!, y salio corriendo del lugar, Antonio quedo pasmado, como si lo hubieran congelado en el sitio, pero yo estaba aun mas petrificado, las niñas atinaron a meterse dentro del pozo y esconderse para que Diablo no las atacara y solo vimos como este perro salto desde el anden hasta donde estábamos y comenzó a perseguir a Josué, nadie podía hacer algo por ayudarlo, todos quedamos inmóviles, petrificados, prácticamente sin alma, solo podíamos mirar a Josué corriendo y gritando con voz sollozante: ¡AUXILIO!. Josué no paraba de correr y Diablo tampoco, el perro se le acercaba cada vez mas y en un ultimo intento por escapar del perro (supongo), Josué corrió dentro de los sembradíos de maíz, ¡NO!, pensé, podría cortarse la cara con las hojas del maíz, maldición el sabe perfectamente ESO. Pero era inútil, yo seguía sin poder ayudarlo, ni si quiera podía hablar, estaba totalmente sumergido bajo el canguelo.

       Inmóviles por el miedo, solo escuchábamos ladrar al perro y pensaba que quizá Josué lo consiguió y pudo burlarlo, pero nada fue como lo creíamos, lo ladridos del perro solo fueron continuados por el mas profundo y estruendoso grito de dolor que hayamos escuchado alguna vez, Josué comenzó a gritar:¡ FUERA CARAJO, FUERA, FUERA! y fue cuando deje de escuchar los ladridos de Diablo; que la conclusión invadió mi cabeza: Diablo lo atrapo. Podía imaginar como el maldito perro hundía sus colmillos en mi amigo y peor aun, escuchaba como Josué gritaba de dolor. Las escenas pasaban frente a mis ojos, prácticamente podía sentir el olor a sangre y fue cuando imagine la sangre que brotaba de su cuerpo, que quede totalmente absorto, tenia miedo de ir y enfrentar a esa bestia que se estimulaba con la sangre de mi amigo, sentía como mi corazón iba perdiendo fuerza y mi sangre congelándose, no podía, sentía como mi corazón se hacia cada vez mas pequeño y yo me sentía cada vez  mas entumecido y  menos capaz de poder ayudarlo, cuando Antonio grito: ¡COJO!. Gire la mirada y vi a Cojo salir corriendo del establo, como si se tratara de mi. Estaba yendo directo contra Diablo, no podía creer lo impávido que era mi perro, no tenía gota de temor en su sangre.

       Con la ayuda de Cojo, comencé a tomar un poco de valor, no podía dejar a Josué y Cojo, luchando solos contra Diablo, poco a poco mi cuerpo se iba moviendo y mi corazón latía fuertemente, VAMOS CARAJO, pensaba y por fin pude ponerme en pie, Antonio me miro y solo asintió con la cabeza, estaba seguro que Antonio me alcanzaría.

      Corrí mientras tomaba piedras del piso y comencé a escuchar los chillidos de Cojo y los gritos de dolor de Josué, no sabía que iba a encontrar entre el maíz, no sabía que le había pasado a mi amigo, solo tenía la esperanza de que Cojo este luchando fieramente contra esa bestia y poder llegar a ayudarlo, cuando quede una vez mas petrificado por la escena que encontré ante mis ojos, Josué solo se tomaba el rostro que lo tenía totalmente ensangrentado mientras trataba de no mover la piernas que tenía mordida hasta los músculos por esa maldita bestia, todo estaba lleno de sangre, TODO. No podía creer lo que veía, solo escuchaba el llanto de Josué que decía, no puedo ver, ¡ AYÚDAME, POR FAVOR! y pude notar que la sangre que brotaba de su rostro, provenía de sus ojos. Estaba asombrado hasta el alma, no podía entender que alguien sangrara de los ojos, cuando fue el chillido de Cojo, el que me saco de mi trance, Diablo lo tenía del cuello, sentía como Cojo podía apenas respirar. Empuñe mi mano y tome las piedras con toda mi fuerza, tratando de darme valor y comencé a lanzar piedras contra Diablo, le di con todas las piedras y él no soltaba a Cojo, sentía como Cojo poco a poco dejaba de luchar y pensé lo peor: Cojo, esta muriendo. tome tierra del suelo y se la tire al perro en los ojos, aprovechando para patearlo, lo patee muchas veces hasta que por fin soltó a Cojo, mi perro no se movía estaba ahí tirado y mi corazón se encendió en llamas, perro de mierda, comencé a gritar, mientras hacia retroceder a la bestia con patas manotazos y gritos de dolor, pero no de dolor corporal, estaba totalmente sano, pero sentía como Cojo iba dejando de luchar por estar vivo y eso azotaba con espinas mi alma, golpeaba hasta morir mi corazón y lo que mas dolía era sentir los últimos chillidos de dolor de Cojo, tan bajos y tenues como los quejidos de un cachorro con frío, un cachorro que sabe, va a morir. Tome todo el coraje que tenía y me abalance contra Diablo, ya no importaba si el maldito mordía mi cuerpo o si cortaba mis ojos con las hojas de maíz , yo quería ver a ese maldito perro, MUERTO y fue hasta que agote todas las fuerzas de mi cuerpo que Diablo comenzó a ladrarme y tratar de morderme, no podía fallar justo ahí, tenía que llevar a Cojo y Josué con mi madre, para que los ayudara, pero mientras pensaba, el perro me tumbo y mordió mi brazo, no tenía fuerza ni si quiera para gritar, solo luchaba por alejarlo de Cojo y Josué, cuando sentí que el viento era cortado por algo y un palo cayo sobre la cabeza de Diablo (que sucede, pensé) y tendí mi cabeza hacia atrás, era Antonio, había venido a ayudarnos, tranquilo Adrian, Susana y Carmen han ido a llamar a tu padre (Dios, mi padre estará muy molesto, pensaba, mientras sentía que cada vez mis fuerzas se alejaban de mi cuerpo), solo miraba como Antonio daba palazo tras palazo sobre la cabeza de Diablo y la bestia esta parecía caer contra el piso, MÁTALO, grite y Antonio quedo sorprendido ante mi pedido, él nunca hubiese pensado escuchar eso de mi, menos si sabía lo mucho que amaba a los animales, pero él no se había dado cuenta de Cojo, ¿Qué tienes Adrian?, respondió y solo dije: Mira a Cojo. Él miro a mi perro y entendió mi situación y fue cuando volteo a mirar a Cojo que, Diablo aprovecho para salir huyendo, solo mire la silueta del perro huyendo y pensé: Lo siento amigo.

       Abrí los ojos y estaba recostado en mi cama, estaba totalmente desorientado.

- ¿Dónde esta Josué y Cojo?, pregunte, pensando que aun estaba en el maizal.
- Tranquilo, Adrian. Antonio, Susana y Carmen los trajeron a la casa, Josué esta en la posta, su madre vino a recogerlo hace unos 30 minutos, respondió mi madre.
- ¿Y Cojo?, pregunte enfadado.
- Adrian, descansa un poco, recupera tus fuerzas, respondió mi madre. Esa era una respuesta que no quería escuchar, ¿Por qué mi madre esquivaría mi pregunta?.
- ¿DONDE ESTA COJO?, grite. Y de pronto mi padre entro al cuarto y me dijo: Adrian, descansa, tu madre te lo esta pidiendo. Estaba confundido, nadie respondía mi pregunta y ahora me veía obligado a descansar, Esta bien, respondí y poco a poco se fue haciendo obvio el, ¿Dónde esta Cojo?.

       Paso la noche y yo estaba durmiendo hasta la mañana del día siguiente, sentía bulla y cosas que sacaban y ponían, no era muy diferente de un día normal, la diferencia estuvo cuando mi madre entro al cuarto y me dijo: Adrian, vístete y sal, tus amigos están atrás en la chacra. ¿Mis amigos?,pensé. ¿Qué podría estar pasando?, me di un baño, me cambie y fui caminando a la parte de atrás, cuando vi que a la distancia todos estaban mirando hacía una tabla y sobre la tabla había algo, no estaba muy seguro.

       Iba caminando lentamente, cuando vi al fondo el maizal y todo volvió a mi cabeza, Cojo ... Josué, pensé y a unos metros lo que estaba sobre la tabla, comenzó a tomar forma, era Cojo, no lo podía creer, realmente había pasado lo peor, todos estaban llorando y me miraban con cara de compasión y culpa, no lo podía entender, estábamos jugando con la pelota y ahora, ¿Cojo esta muerto?, las lágrimas comenzaron a correr por mi rostros, mi padre estaba ahí parado con la cabeza en alto tratando de darme fuerza con su presencia, pero no podía evitarlo, era mi gran amigo Cojo el que estaba tendido sobre esa madera, estaba ahí, sin vida, sin su cola que se movía, con su patita mala que la arrastraba feliz cuando me veía llegar, no lo podía creer, solo lloraba desconsoladamente, no me importaba que todos me vieran, era mi perro el que estaba postrado sobre la madera que debajo de ella tenia un hueco, en cual seguro enterrarían a Cojo. Con la cara llena de lágrimas y sollozando solo decía: Cojo, Cojito, amigo y lo abrazaba ahí en la madera, mi padre me decía que lo deje, pero no podía, solo pensaba en abrazarlo y que por obra del señor el reviva y me lama como siempre lo hacía, mueva su colita y se pare contra mis rodillas, no quería dejarlo ir, no quería que lo taparan con la tierra y me dijeran que lo deje descansar en paz. Hasta que llego mi madre y con su palma acaricio mi cabeza y también la de Cojo, y me dijo: Vamos hijito, Cojo quiere descansar, él va a estar feliz con el Señor y fue solo entonces que llore desde el alma y pude dejar a Cojo mientras mi padre bajaba la taba y lo ponía en el fondo del hueco y comenzaba a taparlo con tierra. Tranquilo, tranquilo, me decía mi madre y yo lloraba esperando que todo eso fuera mentira, pero no, mi padre hizo una cruz con dos maderas y la puso sobre su tumba y entonces comprendí, que Cojo se había ido.

       Pasados los días. aun seguía llorando por Cojo, no quería hacer nada y peor aun cuando llego a mi casa la madre de Josué, pidiendo que junte a todos sus amigos para ir a visitarlo en su casa (¿Que sera de Josué?, pensé. Estaba gravemente herido). Junte a todos y fuimos a su casa que estaba a unos 10 minutos caminando de la mía y fue otro encuentro emocional, cuando vi a Josué. Tenia la cabeza vendada y solo se le notaba un ojo, también tenía la pierna derecha vendad desde la canilla hasta la parte superior del muslo, estaba bastante sedado.

- ¿Cómo estas?, pregunte. Y su respuesta me hizo tanto mal, como lo de Cojo.  


miércoles, 5 de enero de 2011

Nuestra Historia ::: Sueños de hipopótamo.

Era una tarde de verano, había decidido tomar unas vacaciones y no pensé en mejor lugar que venir a visitar mi antiguo pueblo, me embarque en el viaje y estaba ansioso quizá por encontrar a las personas que deje en aquel entonces, sabía que era casi imposible, pero bueno, siempre dijeron que yo era el mas soñador.

       Llegado al lugar, no podía creer lo mucho que había cambiado la vieja plaza, ahora ya no era tan vieja, estaba llena de pasto verde, muchas flores coloridas, bancas en cada tramo donde sea placentero sentarse y la tan querida glorieta con el agua empozada bajo ella. Como olvidar todos los gratos momentos que pase jugando en ella, con las cuatro entras suspendidas sobre el agua, esas que tanto nos gustaba cruzar. Subo las gradas del centro de la plaza y cruzo uno de los puentes hasta la glorieta, ese mismo en el que deje grabado mi nombre cuando niño y que por poco gravo junto con el nombre de esa niña que tanto me volvía loco, ¿qué sera de Susana?, pensé.

       Tomo asiento en una banca y me recuesto doblando los brazos bajo mi cabeza, que gran idea poner bancas en la plazita, pensé, antes hubiera tendido mi suéter en el pasto y me hubiera recostado a mirar como pasaban las nubes sobres las copas de los arboles, arboles tan viejos que siempre tuve la sensación de que me botaban de sus faldas, lanzándome ramitas, hojas y demás cosas que en ellos colgaban, aunque estoy seguro que gracias a ellos nunca quede dormido en la plaza con la boca abierta, dando un espectáculo similar al de un  hipopótamo. ¿Me pregunto que sera de la vida de mis amigos?, mientras quedo pensando y poco a poco mis ojos se van haciendo cada vez mas pesados, hasta quedar dormido, recordando y diciendo antes de cerrarlos: Malditos arboles, ya no trabajan como antes.

       ¡Adrian!, ve a ayudar a tu padre y deja de jugar con los animales, no esperes a que te llame y te pida hacer un trabajo mas pesado, ¡Si, mamá!, respondí. Yo era un niño pequeño de tes clara, con algunas pecas en el rostro, pómulos ligeramente salidos, cabello castaño un poco rizado e  inocentes ojos color café claro, que estoy seguro, herede de mi madre. Mi madre era una mujer no muy alta, con nariz respingada, tes similar a la mía y ojos color café, un poco mas claros que los míos, pero que al mirarlos, daban la profunda sensación a tranquilidad, lo mas parecido a los ojos de un ángel y que cada vez que podía, me quedaba mirándolos, sintiéndome cautivado, por la tranquilidad que me infundía. Su cabello era de un color castaño muy tenue, que con el brillo del sol resplandecía como el oro, parecía que su cabello estuviera hecho de diamantes y no como el de todos, pero lo que mas recuerdo de ella, eran sus suaves manos, con las que siempre acariciaba mi cabeza y decía lo tanto que me amaba. Mi padre era un hombre bastante grande, con corpulencia superior a cualquiera, era bastante callado o por lo menos así lo era con nosotros, tenía pómulos idénticos a los míos o siendo lógicos, los míos idénticos a los suyos. Tenia ojos plomos, tan misteriosos como la neblina que merodeaba en temporadas húmedas, uno no podía saber lo que él pensaba si lo miraba directo a los ojos, pero estoy seguro que no muchos lo querían saber. Tenia una abundante barba de color blanco, que religiosamente él cuidaba todas las mañanas, aunque hiciera notar el paso de los años que en él trotaban. No sabía bien si yo tendría la misma barba, pero de alguna forma siempre me pareció, el mejor de sus rasgos. Su cabello era de color negro, con unas cuantas canas que por ahí se asomaban, para él no era problema , pues siempre lo tenia oculto bajo el sobrero que tanto lo caracterizaba, un sombrero de color amarillento, tejido en paja y con unos detalles cafés hechos en soga vieja, este parecía su bien mas preciado, pues parecía serlo incluso, mas que nosotros.


¡Adrian!, tu padre te esta llamando, te advertí que fueras rápido, ¡Ya voy, mamá! (al saber que mi padre solicitaba mi ayuda era como tener fuego en el corazón, siempre le tuve mucho respeto y trataba de hacer mis labores lo mejor posible, trataba de hacer las cosas precisamente como él las pedía, para hacerlo sentir orgulloso de mi quehacer). Iba corriendo entre el corral, desde el pozo de agua, hasta la vieja puerta oxidada en la parte trasera del establo, y a lo lejos, cruzando el gran portón de metal estaba el extenso campo familiar del cual mi padre era dueño; se encontraba ahí parado como si fuese dueño del pueblo entero, como si no hubiese persona mas importante en este pueblo, que él y con mucha suerte nosotros , como si no hubiese mejor campo que el suyo y que por lejos debían darle una ovación de palmas o algún tipo de reconocimiento.


- ¿Si, papá?, mamá me dijo que me llamaste. Yo estaba nervioso, no podía evitarlo, a pesar de ser mi padre,  yo siempre sentí que era un peón contratado a la hora de hacer las labores y como todo peón, quería hacer bien las cosas para ser nuevamente contratado.
- Adrian, tu siempre perdiendo el tiempo con los animales, ven, vas a ayudarme a traer el ganado, tenemos que llevarlos al viejo pozo a que tomen agua. Si tanto los quieres, dales de beber, me dijo mi padre.
- Si, papá, respondí. 


extravagante. 

       Salí corriendo balanceando mi cuerpo entre los bordos llenos de pasto, mala hierba, flores e insectos. Bordos que tenían marcado en ellos, el camino que mi padre había dejado, un camino de toda una vida, patrullandolos y vigilandolos, haciéndolo diariamente, revisando e inspeccionando como iban los cultivos, si el ganado estaba bien o si había algún hampón tratando de hurtar el trabajo que mi padre a puro sudor y llagas en las manos, hacia madurar para nosotros, no importaba si era temporada de lluvia o si era temporada de verano, mi padre siempre salia tres veces al día a mirar si todo andaba bien o si podía hacer algo para mejorar lo que ya teníamos. Esa era una de las mas grandes virtudes que recuerdo de mi padre: "Trabajador".


       Sorteando los caminos entre los cultivos y la alfalfa para el ganado, iba llegando a donde se encontraban las vacas, nuestra chacra, como le decíamos todos, era realmente grande, cuando era un poco mas pequeño y obviamente mi tamaño no era un factor a mi favor, yo no podía mirar el final de nuestra chacra, mi vista siempre quedaba obstaculizada por el ultimo cultivo. Hasta ahora, que ya soy un poco mas alto y llego a mirar donde acaban nuestros campos, pero que sin lugar a duda, no le quita mi asombro por lo extenso.


       Llegado al destino, tenia que tomar una piedra y comenzar a golpear de abajo hacia arriba, las estacas de hierro fundido, que mi padre hacia con sus propias manos ( mi padre nunca dejo que los demás hicieran sus cosas, él siempre quiso hacer todo, para no deber favores), golpeaba y golpeaba, una tras otra, mientras las vacas movían los rabos y azotaban sus espaldas con sus colas, para mi era una forma de saludarnos, siempre que me veían llegar, todas agitaban las colas y lamían sus narices, como si fuesen capaces de saber que vengo a quitarles las estacas para llevarlas al establo.


        Mientras arreaba las vacas entre los bordos y caminos que yo ya tenía memorizado y las vacas también, escuche el silbido de una persona, era un silbido que no podría confundir en ningún lugar, era el silbido de mi amigo Antonio, él siempre estaba perdiendo el tiempo o escapando de su casa para evitar hacer las labores que sus padres se supone le encomendarían, pero al parecer siempre sabía cuando salir de casa y evitarse las molestias.


- Hola, Adrian, ¿arreando las vacas?, me pregunto.
- ¿Qué tal?, Antonio , claro que si, o ¿te parecen borregos?, respondí, mientras reía al mirar su rostro enojado , por tocarle las narices.
- Que gracioso eres Adrian, todo un payaso, me respondió. Era gracioso, siempre comenzábamos todas nuestras conversaciones de esta manera, él con la pregunta respondida, yo con la tocada de narices y el tratando de insultarme. No podía negar que a pesar de todo siempre me era grato ver a Antonio, pues sabía que terminadas mis labores, seguro lo encontraría por ahí recostado en algún matorral perdiendo el tiempo o pensando en cuando sería el dueño de los campos de su padre y  puedo decir que a pesar de su pensamiento tan vago, él siempre fue uno de mis mejores amigos.
- Lo siento, Antonio, tengo que llevar el ganado al viejo pozo y si mi padre no tiene alguna otra tarea para mi, regresare a buscarte, ¿Estarás por aquí?.
- Seguro Adrian, mi madre quiere que le ayude a limpiar el corral de los patos y pues, no es una tarea que me llame mucho a realizar, así que, seguro y estaré recostado bajo algún árbol, silba cuando este por aquí.
- De acuerdo, Antonio, nos veremos al rato.


       Continué arreando el ganado dando gritos y azotando con las cabuyas los rabos de las vacas. Trataba de no ser despiadado al hacerlo, aunque siempre tuve ganas de darles un buen azote para que no me hicieran perder tanto el tiempo, pues no era su culpa el sentir antojos por el camino, en fin no siempre eran unas vacas obedientes que seguían educadamente el sendero, a veces trataban de quedarse a comer algún puñado de alfalfa o hierba que podría hacerles mal, pero que sin duda seria peor para mi, si mi padre llagase a enterarse.


       Llegando al portón de la casa, sentía el aroma de mi madre haciendo el almuerzo, era un aroma único en este pueblo, a mi padre siempre le hacía bromas y ovaciones sobre el sazón de mi madre, siempre que invitábamos a alguien a comer algo a la casa, siempre salia dando palmas, chupándose los dedos o lanzando piropos a mi madre, por lo exquisito de sus platos, era algo inevitable, hasta yo le dije infinidad de veces a mi madre, que ponga un negocio de  comida.


       Iba haciendo entrar las vacas al corral y ahora era mi buen perro el que sentía mi aroma, venia cojeando y agitando la cola fuertemente, como si la tuviera en llamas o como si fuese su palma dándome la bienvenida a casa, sea cual fuese el verdadero motivo, para mi siempre fue simplemente la emoción que el sentía al verme llegar, y que estoy seguro era la misma que yo sentía al mirarlo. Mi perro se llamaba " Cojo ", su mismo andar delataba su nombre, aunque siempre había algún foráneo que preguntaba por el nombre de mi querido perro. Él no nació cojo, él se hizo cojo por defenderme cuando yo era aun un niño y su historia siempre quedara grabada en mi corazón, por que solo un perro como él, puede ser llamado, "el mejor amigo del hombre". 


       Yo tenia unos cinco o seis años cuando una mañana como esta, entre cielo despejado y sol abrazador, me aventure a caminar por la chacra de mi padre, salí pensando en traer las vacas de regreso al corral, sin que mi madre o mi padre, hayan pedido que saliera a hacerlo. Lo hice, porque siempre era a esa hora, que mi padre salia a recoger al ganado cerca del pozo en la chacra, para traerlo al viejo pozo de la casa, pero extrañamente ese día mi padre demoro un poco en el pueblo comprando afrecho para el ganado.


       Salí decidido a traer el ganado, para darle la sorpresa a mi padre y a mi madre que había quedado en la casa preparando el almuerzo, cuando a mi aventura se me une un perro. Una semana antes un amigo de mi padre, había traído un perro pequeño a  la casa, era de color dorado, lo mas parecido a un labrador, pero con el hocico mas delgado y las patas mas largas. Saliendo de la casa, el perro me siguió en mi aventura y no tuve mas opción que dejarlo ir conmigo, sentía miedo de alguna forma y que mejor que caminar con alguien para olvidar el miedo.


       Íbamos los dos caminando entre los bordos, la alfalfa, las papas, la cebolla y con mucho cuidado por los sembradíos de maíz, pues las hojas de maíz podía fácilmente dejar ciego a cualquiera de los dos, en toda la travesía, sentía como si ese perro me hubiese conocido desde siempre, en los pocos días que estuvo en la casa, formamos una gran amistad, él siempre me hacía caso y yo siempre cuidaba de él. Faltando pocos metros y cruzando un bordo, vi a las vacas donde siempre las dejaba mi padre; con sus hocicos negros y mocosos; y sus colas azotando sus lomos para espantar las moscas. Vamos le decía al perro, mientras me preguntaba, ¿Por qué no le pongo nombre al perro?. Llegamos al pozo y tome una piedra y una por una iba sacando las estacas del suelo, hasta llegar a la ultima, justo en esa vaca, note que tanto  la vaca como el perro estaban asustados, parecía que algo pasaba, que algo se ocultaba y de pronto mi perro comenzó a ladras a los bordos y la vaca comenzó a jalar la cadena y ponerse nerviosa, yo no sabía que pasaba o que se ocultaba y a los pocos segundos pude ver un perro negro, era el perro del amigo de mi padre, le decían "Diablo", pues siempre que trataron de robar el ganado de su dueño, siempre mordió, revolcó e hizo huir a los ladrones fuera de los campos de su amo, ganándose así su tan temido apodo. Yo me preguntaba, ¿qué hace Diablo aquí?. Siempre le tuve miedo a ese perro, era un perro grande, de abundante pelaje color negro, de ojos cafés oscuros que se perdían entre sus pelos y sus tan temidos colmillos que parecían los de un lobo salvaje dispuesto a clavarlos en cualquiera que estuviera delante suyo.


       Asustado como el ganado y el perro, comencé a correr despavorido, pero antes de ir muy lejos, recordé que si hacía eso, el perro solo me perseguiría y obviamente me alcanzaría, entonces, tome una piedra del suelo y me prepare a lanzársela apenas viese que mueva una pata contra nosotros y fue cuando mi perro comenzó a ladrar furiosamente, sentía como él trataba de ocultar su miedo para poder hacerlo huir y que nos deje en paz, pero no fue suficiente y Diablo se abalanzo contra nosotros, en medio del susto arroje la piedra contra el perro y le di en todo el hocico, mientras mi perro aprovecho el momento y se lanzo contra su cuello, iban dando giros y giros, mientras escuchaba los chillidos de mi perro y sentía la impotencia de no poder hacer algo para ayudarlo y en mi desesperación saque la estaca de la vaca que faltaba y comencé a golpear al perro con la estaca, le daba un golpe tras otro sobre su lomo, sintiendo que no le hacía el mas mínimo daño, tenía miedo de que el perro me mordiera y me contagiara de alguna enfermedad, pero no podía dejar pelear solo a mi amigo contra esa bestia, asustado por la cantidad de golpes que le aseste, Diablo comenzó a retroceder, pero fue solo un instante hasta que que volvió a abalanzarse contra nosotros y esta vez asustando a la vaca que jalaba con la cadena, la vaca jalo fuertemente de la cadena, haciéndome caer al suelo y dejándome atontado, sentía que la vaca me pisaría en cualquier momento y fue entonces que vi los cascos de la vaca sobre mi cuerpo y pensaba en el daño que me podía hacer, pero justo en ese momento mi perro salto a ladrarle, haciéndola asustar y retroceder, pero en todo el alborto, la vaca enredo a mi perro con la cadena que colgaba de su cuello, jalándolo de una pata, mi perro luchaba por no ser arrastrado, hasta que pude tomar conciencia y tomar la cadena entre mis manos y poder liberar a mi perro. Tenía heridas en toda la pata , pero él seguía ahí parado ladrando a Diablo, no podía creer lo corajudo que era este pequeño perro, él podría dar su cuello en plato por protegerme, pensé. En mi susto note que Diablo no quería meterse en el alboroto por miedo ser pisado por el ganado y fue hasta que el ganado se nos aparto un poco, que Diablo se abalanzo con mi perro, aprovechando el estado de su pata delantera y mordiéndolo ahí mismo, sentí los chillidos de dolor que lanzaba mi perro, quede frío, miraba como la sangre brotaba de su piel, podía sentir los colmillos de Diablo, hundiéndose en la piel de mi perro, no podía creerlo, pero no podía quedarme parado ahí sin hacer nada, tome valor y fui corriendo contra los  dos perros que estaba trenzados y lance una patada contra Diablo en toda su panza, el perro quedo sin aliento soltando a mi perro y yo tome las piedras que habían y comencé a lanzarlas, no me importaba si el maldito perro moría por alguna piedra, solo pensaba en que el maldito hizo sangrar hasta chillar de dolor a mi pobre perro, solo quería salir de ahí y llevar a mi perro a casa, para que mi mama lo cure y fue entonces que sentí un disparo en el aire. ¡FUERA, CARAJO!, grito alguien y tanto Diablo como el ganado salieron despavoridos del lugar, era mi padre, él lanzo un disparo al aire para ahuyentar al perro y me encontró ahí en el piso con la cara blanca del polvo, la ropa sucia, las manos temblando y con mi perro sangrando de la pata apoyando sobre mis piernas, vamos a la casa hijo, dijo mi padre, mientras cargaba al perro y yo lloraba por lo que le pasaba a mi perro. Tranquilo, va a estar bien, me decía mi padre y yo sentía que si él lo decía, es por que así sería.


       Pasado el alboroto, vi a mi perro salir rengueando de la casa, estaba todo chamuscado, con cara de borracho y con la pata vendada, parece que esta bien pensé. Cuando veo salir a mi madre. Mi madre estaba instruida en medicina veterinaria y sabía muy bien, como atender a los pequeños animales de los que eramos dueños, siempre soñé con ser igual que ella, quizá de ahí mi buen trato hacía ellos y mi gran cariño por ellos.


- ¿Mi perro va a estar bien?, le pregunte. Teniendo miedo de cual vaya a ser la respuesta que me de mi madre.
- Si, Adrian, estará bien, pero tienes que cuidarlo mucho, su pata no se puede ensuciar, si no, se infectara y puede que tu perro quede sin pata, respondió mi madre. ¿Sin pata?, JAMAS, pensé. Tendría que cuidarlo sumamente bien, para que pueda curarse.
- De acuerdo, respondí. Y fue en ese momento que mi  mamá lo llamo, "Cojo,Cojo" y el perro fue donde ella, quede sorprendido pues nunca antes mi perro le había hecho caso, pero parece que al notar que fue mi madre la que lo salvo de quedar sin pata y quizás de la muerte, no tendría ningún problema en responder al nombre de " Cojo".
- Mira, parece que me hace caso, se quedara con ese nombre, si no, nunca mas me obedecerá,dijo mi madre.
-  Esta bien, mamá. Que mas podía decir, yo estaba en la misma deuda que mi perro, ninguno de los dos quería que estuviera mal.

De repente, suena el portón delantero, alguien esta tocando la puerta, grita mi madre y siento los pesados pasos de mi padre acercándose a la puerta, ¿Si, buscas a Adrian?, pregunta mi padre, Si, señor, responde alguien del otro lado. ¡Adrian te busca tu amiguita Susana!, grita mi padre y quedo un poco frió por escuchar su nombre, ¿Susana?, pregunto, Si, no te hagas el tonto, responde mi padre. Salgo a responder y ahí estaba Susana, la niña de la cual siempre estuve  secretamente enamorado.


- Dime Susana, ¿Qué ha pasado?
- Nada Adrian, solo pensé en venir a buscarte, saldremos a jugar con la pelota de Samir, estarán todos frente a su casa, quería que estuviéramos todos para que sea mas divertido, ¿qué dices?.
- Claro Susana, como decir que no, estaré ahí dentro de un momento, tengo que cuidar a mi perro un momento, mientras se pone mejor, luego te contare lo que me paso.
- Esta bien Adrian, te espero frente a la casa de Samir.